Hace un rato pasaba por un centro comercial y vi un anuncio de “Sanando tu niño interior”, no estoy segura de a que se refiera o si tenga o no razón de ser; no puedo atreverme a juzgar algo que desconozco. Pero... y si en vez de sanar a nuestro niño interior, lo llevamos a pasear, es más, lo sacamos de la caja de cosas perdidas. Hace poco en la fiesta de XV años de la hija de una gran amiga; me salí al jardín y encontré una de esas ruedas donde se sientan varias personas alrededor y dando vueltas sobre el eje central todos giran a la velocidad que los propios niños impulsan; obviamente no resistí la tentación y me subí con varios niños que me siguieron la corriente, después me subí a un columpio donde reí y reí tanto hasta desequilibrarme y caerme. Ese día entre raspones, risas y una que otra mirada de desaprobación de algunas madres de mi edad, descubrí que detrás de la critica esta el deseo de querer hacerlo sin ser juzgada, es más fuerte la presión social, el miedo al que dirán, que hacer lo que realmente a uno le hace feliz, por pequeños momentos que esto parezca. La niñez no debe estar en el interior, nunca debió de dejar de ser parte de nosotros, de nuestra realidad todos los días. El ser adulto implica obligaciones, responsabilidades pero donde dice que debemos de dejar de tener ese ímpetu, el reír sin pensar si el tono de nuestra risa es moralmente correcto, correr hasta donde te permita tu artritis, bailar como si tu corazón fuera la nota musical principal. Es como si con tu credencial del INE vinieran incluidos el mal humor, el desgano por vivir, y el creer que nuestra vida tiene el valor de lo que traigamos en nuestra cartera, la responsabilidad de tu vida no tiene porque estar peleada con disfrutar de ella. No se trata de no querer crecer como Peter Pan, se trata de no perder nuestra esencia como seres humanos y rescatar lo bueno que descubrimos en cada etapa.
Estando en la playa, descubrí 2 mundos el de los niños corriendo, saltando, aventándose al mar, jugando entre cada ola, imaginando que un caracol que encuentran es un dragón enorme; y el mundo de los adultos platicando entre ellos, durmiendo, comiendo y quizás bebiendo; ausentes de la maravilla de ver la inmensidad del mar, o una puesta del sol donde por instantes se diluye el sol en el mar, ausentes del dragón disfrazado de caracol que pueden tener enfrente.
En una ocasión una amiga al ver que sus hijos llegaban alcoholizados me dijo “...y que puedo hacer, yo me acuerdo de cuando tenía su edad y yo hacia los mismo…" no por haberlo hecho tu, tus hijos tienen el justificante de hacerlo; quizá porque tu lo hiciste, sabes a lo que se pueden enfrentar y decidas evitarles ese puente que sabes esta roto a la mitad. Quizá mi historia te parezca aburrida, a mis 42 años nunca he pisado una discoteca o lo que hoy sería en equivalente un antro. Mi propio límite de tomar alcohol, es una copa muy de vez en cuando y hasta el día de hoy no he tenido ninguna consecuencia fatal, no me he perdido de nada y por asombroso que parezca me divierto estando en mis 5 sentidos, la vida es una combinación de alegrías, decepciones, llanto, frustraciones, caídas y éxitos; pero sintiendo por cada poro de tu piel lo que cada emoción implica, hasta ahora no he tenido la necesidad de esconderme detrás de una botella para evadir y enfrentar mi realidad por mala que esta pueda ser o para convivir… o el pretexto que te digas para convencerte de que estas en lo correcto. No quiere decir que sea bueno o sea malo, quiere decir ¿que significa en tu vida? y el concepto o el vacío emocional que esta llenando el alcohol o cualquier adicción que puedas tener.
Lo malo es malo, no porque otra persona se entere de qué lo hiciste...
lo malo es malo, porque decides hacerlo aunque nadie se entere.
Quizá en ese deseo que tenemos por ganar una carrera, de volar independientes… el secreto sea mantener el ímpetu del niño que decidiste dejar de ser, la constancia de hacer que las cosas ocurran no importa cuántos raspones de rodillas nos cuesten.
El secreto más allá de recuperar nuestro “niño interior”, es recuperarnos a nosotros mismos cuando no teníamos los grilletes de la presión social, estereotipos… de lo “que debemos ser” y cambiarlos por lo “que queremos ser y decidimos ser”. Es regresar a nuestras raíces, nuestra familia ya sea la biológica o la familia que nosotros hemos decidido tener, la familia por elección, donde decides lo que quieres en tu vida o por lo menos lo que no quieres; si tú no lo haces alguien va a venir y decidirá por ti, en tu vida.
Se trata de llenar tu vida de V I D A. No se trata de vivir echando porras todo el día o ver la vida en rosa, verde o azul. La vida no esta para servirnos a nosotros, nosotros estamos para servir en la vida. En nuestra acta de nacimiento nunca dice que será fácil, pero tampoco lo contrario. Tu valor como persona no lo define un número en tu cartera, en la báscula o en la boleta de calificaciones; tu valor como persona lo defines tú y solo tú, el tono de azul, de amarillo o el color de príncipe o rey que quieres ser. La princesa o reina con armadura y pantalón o vestido largo que decides ser; no hay reglas, no hay ningún instructivo.
— No, no hay mas tiempo que vida…
¡¡ tú vida es el único tiempo que tienes y vivirla o no, es tu decisión!! —
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